Pero llegó el sexto día. No me lo podía creer, la fisio me decía que había mejorado la rotura pero que aún tenía que estar unas 3 semanas más en reposo, que es lo que tardaría en cicatrizar, evitando una posible recaída. Según me lo dijo la cara me cambió. La chica me hablaba y yo no era capaz de prestarla atención, pensaba una y otra vez en las 3 semanas de parón.
Justo antes de ir hacia allí iba pensando en el Maratón de Barcelona, en empezar a coger fuerza esa misma semana, pero la realidad era otra. Parar, volver a empezar de cero, muy poquito a poco. Mentalmente contaba las semanas para el Maratón de Barcelona, y me repetía, no me da tiempo, no me da tiempo.
Los días posteriores fueron los peores, sobre todos los 2 ó 3 siguientes. El gemelo me molestaba más que nunca, se me cargaba, tenía la sensación de que empeoraba. Luego, lo peor, las ganas de salir a correr y no poder hacerlo. Necesito gastar energía, sentir el aire en mi cara, el esfuerzo, sudar, la sensación de libertad, y lo echo mucho de menos. Intentaba llevarlo lo mejor posible pero estaba triste, no dormía bien, me sentía cansado, sí, cansado.
Pero ya va a hacer 2 semanas de la lesión y la cosa se va enderezando, el gemelo está mucho mejor y voy viendo como se acerca el momento de volver. Tengo ilusión, mucha ilusión. Miro carreras, miro planes de entrenamiento, zapatillas, leo foros, blogs, sigo con el apetito de atletismo, de correr.
El maratón me está esperando, aún no tengo claro dónde ni cuando, pero se que me espera, y eso es lo importante.
Stanley Park (Vancouver)
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